Hacer y concluir un libro no es fácil, sobre todo si involucra investigación para dotarlo de un contenido particular que, además, resulte llamativo y se transforme en un buen producto. Es lo que ocurre con ilustrar canciones de Los Prisioneros, una propuesta que guarda relación con el cancionero ilustrado de Víctor Jara, desarrollado previamente. Sin embargo, surge una pregunta: ¿por qué realizar un trabajo así?
En el caso de Víctor Jara, la motivación se encuentra en los intereses propios del autor y en una serie de propuestas gráficas previas, algunas de ellas relacionadas con una etapa determinante dentro del ámbito político y cultural del país:
- La Nueva Canción Chilena, durante la década de 1960.
- Los sucesos históricos previos al golpe de Estado de 1973.
- Las consecuencias del quiebre institucional.
Es precisamente en torno a estos tres aspectos donde aparece una figura artística determinante: Jorge González, quien además nace en plena época de auge cultural, tanto en Chile como en el mundo, durante la década de 1960.
La importancia y genialidad de Jorge, que incluyen letras altamente opinantes y una destacada producción musical, radican en ser una fuente inspiradora que se desarrolla, en gran medida, gracias a tres vertientes fundamentales: el folclor, la música romántica pop y el punk rock de finales de los años setenta. Una potente y curiosa mezcla que explota durante su adolescencia mediante la rabia y la disconformidad, irrumpiendo musicalmente en un sombrío panorama cultural y provocando un quiebre con lo que se venía escuchando hasta entonces.
Por un lado estaban la censura, la negación y la evasión promovidas por el régimen y los medios masivos; por otro, la queja lastimera, el llanto y cierta melancolía folclórica de una oposición golpeada y, por momentos, casi exterminada.
Es allí donde nacen Los Prisioneros, para recordarnos que existe una fuerza roja, furiosa y adolescente, oculta en las entrañas de nuestras ciudades. Sí, era La Voz de los Ochenta, una propuesta que además se desmarca de ciertos discursos solemnes y moralizantes que, difundidos como verdades absolutas desde espacios legitimados por el establishment, terminan acomodándose a las circunstancias sin cuestionarlas realmente.
Ha transcurrido casi medio siglo desde la publicación del primer disco del trío sanmiguelino y, al mirar alrededor, es posible distinguir cambios sociales derivados de la acumulación, la depredación y un consumo rampante que carcome la espiritualidad de millones. Sin embargo, la música y las letras de Jorge nos recuerdan que seguimos dando vueltas en la misma baldosa.
Frente a un contexto así, se han realizado diagnósticos de conocimiento público. El statu quo insistirá en que todo está mejor, pero la organización y la acción siguen siendo el llamado, esa fuerza que "ya viene", que anuncia su llegada y que, por algún motivo, no logró cuajar.
Mi aporte, en ese sentido, se nutre de lo musical para volverlo visual y decir: "¡Date cuenta de que estás vivo!".